Un parto demasiado largo


útero

Haciendo limpieza en el ordenador y preparándolo para la entrada del nuevo año, he visto este texto que pertenece a un capítulo de mi primer libro: “Descubre tu Essencia”

Expone un caso real de una mujer que le aparece de repente, como por arte de magia, un mioma en el útero.
Para aquellos que no lo sepan un mioma es un tumor benigno que crece en el tejido muscular del útero.


 

Juvenil, moderna, actual, preocupada por su entorno, madre de dos hijas, 49 años de edad, profesora de profesión, con un agradable acento sureño. Separada desde hacía ocho años mantenía una buena relación con quien había sido su primer amor.
Su nuevo amor correspondido ya duraba cuatro años y representaba su ilusión y futuro. Cuatro años de danza continua de mudanzas de fin de semana, un fin de semana en la mía otro en la tuya; de escapadas de novios a lugares bonitos, donde siempre después de darse el máximo amor soñaban con una vida juntos, compartiendo una casa, las mañanas y las noches. Soñaban con envejecer de la mano.

Las familias respectivas ya se conocían, cada uno disponía de vivienda independiente. Ambos dejaron los juegos pueriles para abalanzarse a emprender una vida juntos. Después de muchas reflexiones la fecha reservada a cambiar la trayectoria de sus vidas era septiembre, buena fecha para iniciar cambios, nuevos hábitos. Representa el inicio de curso, el inicio después de unas vacaciones juntos, mes donde nacen muchos proyectos y se comienzan muchas colecciones por fascículos, sin duda un mes significativo para algunos.

Ella estaba convencida a dar el paso, su hija mayor ya estaba independizada y más que colocada. La pequeña nena, en cambio, vivía con ella. Tenía 27 años y un novio siempre dispuesto a recogerla para pasearla en su bonito coche. Manteniendo el estilo que caracterizaba a esta madre, decidió utilizar el diálogo protector y cuidadoso, como es costumbre en las nuevas madres que intentan dar la comprensión que creen que no tuvieron. Le explicó que su actual pareja vendría a vivir con ellas en septiembre, esta mujercita disimulando el dolor de niña herida y abandonada, adoptó la misma dialéctica que la madre: “no te preocupes, tú tienes que rehacer tu vida, es normal, algún día yo me marcharé y haré la mía”.
Después de estas palabras la madre ya inició a disfrutar de sus sueños cumplidos, poder vivir con su amor, la aceptación y comprensión de su hija había activado todos los preparativos con la máxima felicidad, tranquilidad y seguridad.
Esta armonía cordial e inteligente propia de un modelo de corrección artificial no tardó en desvanecerse, salieron a la luz los verdaderos sentimientos de esta niña de 27 años que se sentía abandonada. A las dos semanas se dirigió a su madre con un “aire” menos comprensivo, con dureza le dijo que se iba de casa, aunque le gustaba la actual pareja de su madre no iba a convivir. La madre disimulando el asombro inicial, no dijo nada para replicar sus palabras ni convencerla, todos los preparativos estaban en marcha y no iba a dar un paso atrás, se había tomado una decisión responsable y todo seguiría adelante.

Pero en lo profundo, esta madre sentía que estaba expulsando a su niñita del nido confortable del vientre materno, aunque molesto, necesario. Era una situación difícil para la madre, algo por otro lado soportable, un proceso normal en la vida. Si había podido superar dos partos este también.

Los días pasaron y esta niña fuertemente acomodada no daba el paso al mundo exterior, seguía alargando la situación con ambigüedad y caos. La respetuosa madre sabía que sólo tenía que esperar, no pronunciarse; una buena madre confía y deja hacer a su hijo. Pero cuando esta madre se quedaba sola no podía sentir el silencio, todo sonaba a ruido, se sentía mal por la situación creada, sabía lo que quería pero parecía que no llegaba nunca, parecía que nunca llegaba el fin del parto, su niña había iniciado una etapa caótica y por corrección únicamente podía esperar a que estuviese mejor; sentía que no la podía expulsar.
Después de ocho meses su niña no se había ido y por casualidad, a esta madre, en un control ginecológico rutinario le encontraron un mioma de 7,5 centímetros.

Miometrio: capa de musculatura lisa del útero, encargada de sostener o expulsar el fruto de la fecundación. Tejido endodérmico regulado por el tronco cerebral. Asociado con la absorción y expulsión de nutrientes, en este tejido el nutriente implicado es el fruto de la fecundación.

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