Servicio a bordo

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En esta ocasión vamos a ver brevemente un caso relacionado con el conflicto de no poder tragar, ingerir un “bocado”. Se observa claramente las diferentes fases del proceso emobiológico. Éste es un extracto de un capítulo de mi primer libro: “Descubre tu Essencia”, publicado en el 2009.


Subió al avión como tantas veces, después de saludar a la primera azafata, la mitad de su tranquilidad estaba asegurada. Al deslizarse por ese tunel cilíndrico, entre las cabezas reconoció su brazo alzado que ayudaba a colocar una bolsa en el portaequipaje, sólo falto ver su cara para confirmar lo que ya sabía. Era ella, la pareja con quién había compartido cinco años de su vida y que desde hacía meses sólo había un desierto entre ellos. El único nexo de unión posible era coincidir en los continuos viajes, cosa que jamás había sucedido.

El vuelo por suerte era de trayecto corto, sólo era necesario soportar ese mal trago de cuarenta minutos y todo habría acabado. Asiduo a la misma compañía aérea y al agradable servicio a bordo, ese día no pudo disfrutar del gustoso zumo de naranja.

Aún y la insistencia de la anónima azafata, y la tan recordada ya no concubina, él sentía ese nudo en la garganta que le imposibilitaba degustar ese agradable zumo matinal acompañado con sus frutos secos. En más de una ocasión estuvo tentado a forzar la ingesta, pero comprendía que eso simplemente aumentaría la tortura. Aunque lo deseaba, sabía que era imposible.

Estaba resultando una experiencia altamente traumática cargada de recuerdos y de dolor. Únicamente quería bajar de ese avión lo antes posible y olvidar esa desagradable experiencia, se sentía solo, no podía expresar a nadie su angustia y tampoco podía coger la puerta y largarse.

Todo había acabado, ya estaba en tierra y salía del aeropuerto, aunque las mismas sensaciones continuaban impregnadas en él. Por suerte y sorpresa se encontró con dos agradables amigas. Con una de ellas tenía la suficiente confianza como para explicar lo sucedido, sintió un progresivo alivio y mentalmente se convencía de que todo había acabado, que solo había sido una mala experiencia.

A los pocos minutos, quizás veinticinco, notó un dolor molesto al tragar, en la parte derecha. Al principio no lo relacionó con el suceso, pero al comprobar que se mantenía analizó lo ocurrido y comprobó la precisión de su organismo, tal y como se había explicado en la jornada introductoria de Emobiología que había asistido la semana anterior.

Aunque seguramente en esta situación se han activado más procesos, destacamos el conflicto con “el bocado”, tener la sensación de no poder tragar un bocado. El área derecha corresponde al bocado deseado, aquel bocado que se quiere ingerir. En este caso, aunque la intensidad fue más intensa de lo que se expresa en estas líneas, por suerte y habilidad de la persona duró poco tiempo. Se comprueba como la fase de regeneración duró como máximo dos horas (no podemos confirmar con precisión la duración de la fase de regeneración ya que la persona después de analizar lo sucedido se relajó y se olvidó progresivamente de las molestias).

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