Sobrecarga familiar

http://atenciogentgran.org/es/tag/evitar-sobrecarga-cuidador/Este caso sacado del primer libro que escribí en 2009, “Descubre tu Essencia”, muestra un proceso emobiológico que se refleja en una descalcificación del fémur izquierdo.

Su padre había muerto, a sus 32 años tenía una hija, un marido y ahora una madre que atender; deber de hija cuando eres la única niña y la que vives en la misma localidad. El hermano, aunque comprometido con los problemas psíquicos de la madre, vivía a dos horas y media de distancia, esos kilómetros difuminaban su responsabilidad.


Con dignidad y orgullo anidaba a su familia, cuidaba de su marido y atendía con mimo los caprichos y deseos de su niña de 3 años, que representaba su máxima ilusión. Este hogar, con mucho esfuerzo conseguido, se vio modificado por la nueva acogida, que más que una madre representaba una niña. Había que cuidarla y procurarle la medicación, los controles psiquiátricos rutinarios y tenerla vigilada todo el día; en esos momentos cuántas veces se acordó de su padre fallecido, que durante años lo había hecho sin mostrar ningún síntoma de descontento.

Ella, por amor y respeto mantuvo en silencio el sobrepeso que soportaba, con los meses se volvió una rutina pesante, ni un solo día dejó de recordar en silencio aquellos días en los que tenía tiempo para ella, en los que podía estar más con su marido y su hija. Sólo con el pasar de los meses comprendió que esto no era una situación pasajera y cada día se sentía más agotada; cada día resultaba más difícil sostener a su madre, sostener el peso de una niña de 61 años y 59 kilos.
Pasaron los meses y esta mujer no encontró ni un día de respiro, cumplía sus obligaciones de lunes a domingo y de primera hora de la mañana hasta la noche.

Después de un año y medio hubo una propuesta familiar, acordaron que el mes de julio, cuando su hermano tuviese vacaciones, recogería a la madre y se la llevaría a su casa para cuidarla.

Hasta que no llegó julio esto sólo era un sueño y un deseo: el poder estar más aligerada y disfrutar de su hogar, de su hija, su marido, poder quedar con las amigas para tomar un café…

Cuando entró en casa, después de ver cómo su hermano junto con su madre se alejaban en el coche, sintió un alivio instantáneo, la casa parecía más grande y el aire más ligero, sentía la libertad de pensamientos y movimiento. A los cinco días inició una molestia en la pelvis, a la altura del fémur, decidió ir al médico al comprobar que pasados unos días este dolor persistía y había incrementado. En las pruebas médicas se comprobó que tenía una gran descalcificación en la cabeza del fémur, el dolor era producido por la inflamación de la zona.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *